Charles Babbage y el tateti que nunca existio

Charles Babbage imaginó una computadora un siglo antes de que existieran las computadoras. Pero ¿qué habría pasado si, además, hubiese diseñado un simple juego de tatetí?

Mucho antes de las computadoras, mucho antes de internet y muchísimo antes de que existiera algo llamado «inteligencia artificial», un inventor tuvo una idea bastante peculiar.

Su nombre era Charles Babbage.

Vivía en Inglaterra durante el siglo XIX, una época de trenes a vapor, fábricas llenas de engranajes y personas que escribían cartas con pluma y tinta.

Babbage soñaba con construir una máquina capaz de resolver problemas y seguir instrucciones. Lo que hoy llamaríamos una computadora.

Había un pequeño inconveniente.

Construirla costaba muchísimo dinero.

Entonces se hizo una pregunta:

¿Y si construyo una máquina para jugar?

La máquina que imaginó el futuro

Babbage pensó que quizás la gente pagaría por ver una máquina capaz de jugar al Ta-Te-Tí.

No quería construir algo útil para una oficina o para una fábrica.

Quería construir algo sorprendente.

Imaginaba familias acercándose para desafiar a la máquina y comprobar si realmente podía jugar.

Su razonamiento era simple:

Si una máquina puede competir con una persona en un juego, entonces tal vez las máquinas sean capaces de hacer cosas más interesantes de lo que imaginamos.

UX Thinking… en 1840

Antes de diseñar la máquina, Babbage hizo una especie de encuesta.

Preguntó a personas de distintas edades y profesiones si creían que jugar un juego de estrategia requería inteligencia humana.

La mayoría respondió que sí.

Para él eso era importante.

Si una máquina lograba jugar bien, entonces estaría haciendo algo que muchas personas consideraban exclusivamente humano.

Más de ciento cincuenta años después seguimos haciéndonos preguntas parecidas:

menos es mas

Babbage estudió varios juegos y eligió el Ta-Te-Tí.

No porque fuera el más famoso.

Lo eligió porque era el más simple.

Quería encontrar un desafío que una máquina pudiera resolver sin necesidad de ser gigantesca.

De algún modo estaba pensando como hacen hoy quienes programan robots:

Lo interesante no es el juego

Mientras diseñaba la máquina apareció una dificultad inesperada.

¿Qué debía hacer cuando existían dos movimientos igual de buenos?

Si siempre elegía el mismo, cualquiera descubriría rápidamente su estrategia.

Babbage quería que pareciera menos predecible.

Entonces ideó un truco ingenioso.

Hoy podríamos decir que estaba creando una forma muy primitiva de generar decisiones aparentemente aleatorias.

No era azar verdadero. Era un patrón escondido.

Un invento con espíritu teatral

La parte más divertida es que Babbage no imaginó una máquina aburrida llena de engranajes.

La imaginó como un espectáculo.

Pensó en dos niños mecánicos jugando una partida.

Si uno ganaba, aplaudía.

Un gallo cantaba.

El niño derrotado lloraba.

Y un cordero comenzaba a balar.

Más que una computadora, parecía una mezcla entre robot, juguete y obra de teatro.

Una gran idea que nunca ocurrió

Cuando llegó el momento de construirla, Babbage decidió revisar si el proyecto realmente podía funcionar.

Descubrió que otras personas ya habían intentado ganar dinero mostrando máquinas curiosas.

Los resultados no habían sido muy buenos.

Después de hacer cuentas concluyó que el esfuerzo no valía la pena.

Y abandonó la idea.

La máquina que jugaba al Ta-Te-Tí nunca llegó a existir.

El «¿y si…?» de la historia

A veces la historia está llena de proyectos que nunca se construyeron.

Y también de preguntas imposibles de responder.

¿Y si Babbage hubiera terminado aquella máquina?

¿Y si hubiera logrado recaudar el dinero necesario?

¿Y si las primeras computadoras hubieran nacido en un salón de juegos y no en una oficina?

Nunca lo sabremos.

Pero su idea nos deja algo interesante para pensar:

muchas veces los juegos no son una pérdida de tiempo.

Son lugares donde aparecen preguntas nuevas.

Y a veces una pregunta nueva puede terminar cambiando el mundo.

Imaginá que necesitás financiar tu próximo gran invento.

¿Qué construirías para que la gente quisiera probarlo?

¿Un robot cuentacuentos?

¿Una máquina que invente criaturas imposibles?

¿Un detector de ideas brillantes?

¿O algo completamente distinto?

Dibujalo, escribilo o contáselo a alguien.

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