Gracias a Christine Elgersma por post en Common Sense Media, que inspiró este artículo.
Mailén entró a ver un video. No lo buscó exactamente. El algoritmo la llevó ahí.
Y en ese recorrido —entre recomendaciones, tendencias y repeticiones— no solo consume contenido: también construye ideas sobre cómo ser, qué desear y qué vale la pena.
Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que la publicidad era bastante evidente. Interrumpía, molestaba, y listo. Sabíamos a qué juego estábamos jugando.
Hace tiempo ya que el juego cambió.
Vivimos en la era de la INFLUENCIA. Personas con carisma, habilidades, opiniones… o simplemente constancia, construyen audiencias y, desde ahí, influyen. A veces enseñan. A veces entretienen. Y muchas otras, venden —ideas, productos o formas de ver el mundo— sin decir explícitamente que lo están haciendo.
El problema no son los influencers. El problema es que muchas veces esas personas, desesperadas por nuestra atención, influyen en nuestras vidas de forma negativa.
Un video de “rutina de mañana” puede parecer inocente. Pero en pocos segundos instala hábitos, productos, cuerpos y estilos de vida como si fueran la norma. Y eso, repetido una y otra vez, deja marca —especialmente para chicos y chicas que todavía están desarrollando herramientas críticas. En ese recorrido, los algoritmos hacen lo suyo: lo que empieza siendo un video de Roblox puede derivar en contenidos completamente distintos.
Hoy incluso esa “persona” que seguimos puede no existir. Los influencers creados con INTELIGENCIA ARTIFICIAL ya acumulan seguidores, acuerdos comerciales y una estética imposible de cuestionar. Algunos de ellos no tienen rostro, pero sí intención. No tienen valor, pero son divertidos. Y circulan con la misma eficacia. En este escenario, la pregunta ya no es solo quién influye, sino qué estamos consumiendo sin darnos cuenta.
La pregunta verdaderamente importante es ¿quiero que esta persona influencie la vida de mi hijo?
Diversos estudios muestran que gran parte del contenido que reciben niños y adolescentes no fue buscado activamente. Aparece. Se sugiere. Se encadena. Y en ese flujo, dos variables se combinan de forma potente: admiración + repetición.
Ahí es donde la influencia se vuelve efectiva.
Pero no todo es negativo. También hay personas y contenidos que realmente inspiran. La diferencia no siempre es evidente, y ahí es donde entra en juego la alfabetización digital.
Abrir el diálogo
El pensamiento suele ser: “no es para tanto”. Justamente por eso vale la pena profundizar un poco más. Porque generalmente sí es “para tanto”, solo que no lo vemos.
El siguiente paso es más interesante: CORRER EL FOCO de la influencia hacia la INSPIRACIÓN.
No es lo mismo. Inspirarse implica otra cosa. Implica encontrar algo (o a alguien) que:
Y eso no siempre coincide con lo más viral.
En términos prácticos, educar en este contexto no es prohibir contenidos, sino desarrollar criterio. Ayudar a distinguir intención, reconocer emociones y, sobre todo, habilitar una decisión clave: ignorar.
Sí, ignorar también es una habilidad.
No todo lo que aparece merece atención. No todo lo relevante compite por ella.
Quizás parte del trabajo hoy sea ese: hacer un poco de espacio. Reducir el ruido de la influencia para que pueda aparecer algo más valioso.
Algo que no empuje a ser otro, sino que habilite a ser más uno mismo.
Ampliar el menú
Si queremos pasar de la influencia a la inspiración, no alcanza con señalar el problema. Hace falta construir herramientas concretas para mirar, interpretar y decidir. Algunas ideas para trabajar esto con chicos (y también con nosotros):
- ¿Cómo me hace sentir lo que veo?
Reconocer emociones frente a los contenidos es el primer paso para desarrollar criterio. - ¿Para qué fue hecho este contenido?
Entender si busca informar, entretener o vender cambia completamente la lectura. - ¿Qué hace realmente un influencer?
No todo es compartir: muchas veces hay intención comercial detrás. - Detectar la influencia
Identificar qué ideas, valores o hábitos se están promoviendo: - Aprender a ignorar
No todo merece atención. Elegir qué no consumir también es una habilidad. - Juegos sugeridos: 🔗 Se genial en internet 🔗Juego: Consigue tantos seguidores como puedas.

Desconectar para conectar: una solución al alcance de la mano
Tal vez la pregunta no sea solo quién influye, sino desde dónde estamos mirando.
Y esa mirada —como cualquier otra— también se aprende.
En un entorno donde todo compite por nuestra atención, elegir qué hacemos con nuestro tiempo también es una forma de decisión.
A veces, la alternativa no está en la pantalla, sino mucho más cerca.
¿Y si nos sentamos a la mesa a jugar al Truco o a la Generala?
No se trata solo de hablar con nuestros hijos, sino de volver a mirarnos a los ojos y compartir tiempo juntos.
No hace falta gastar dinero: con un simple mazo de cartas alcanza.
👉 Acá te dejamos algunas ideas de juegos para empezar: Juegos para jugar con un mazo de cartas.

Este tema también lo seguimos explorando en la revista de No ¡No soy un Robot!, donde proponemos actividades, juegos y preguntas para trabajar la alfabetización digital desde la práctica.
👉 Podés ver el último número acá: ¿Querés un brainrot?





